NATURA, DE NUEVO...TÚ
- 6 jun 2017
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Llegué al paraíso con los ojos abiertos. Creí que el Sol era un haz de luz que atravesaba mi sinrazón, hasta que sentí su fuerza sobre mi cara, mis manos, mi pecho, y… ardí. Sin sobresalto alguno, comprobé cómo los apéndices de mi cuerpo se fundían, aleándose con mi tronco, casi deshojado como el avanzado otoño, desarrollando ambos una forma nueva y caprichosa, con identidad propia, aún sin registrar en el libro de las aleaciones... Mi cuerpo fue tornándose. Cercano a lo indiscutiblemente redondo. A la manera que el alfarero da forma al barro, así el Sol fue dándome, caprichoso, una distinta definición. Y, al fin... Toda yo era luz. Toda yo fui reflejo. En aquel disloque de razonamientos, por un instante me sentí Luna, afortunada de poder recibir y dar a la vez y, como ella, me colgué en el cielo, como si de un escenario se tratara, para adentrarme en el paraíso de lo indefinido, de lo ingrávido, tal como Ella. Mientras tanto, Natura me estuvo esperando. Sentí, desde lejos, su voz rasgada, cansada de gritar mi nombre. Al llegar, la encontré semidesnuda, peinando sus cortas tardes, . Creyó, ¡qué tonta!, que yo la ignoraba. Imaginaba, por ende, que mi fragilidad , casi pueril, pereció entre las frías paredes de la ciudad… Le mostré mis manos portadoras de palabras, las mismas que me enseñaron a ser fiel a mi identidad, a aquello que, verdaderamente, me hace sentir libre, frágil y única. Regresé junto a Natura y permanecí, durante todo el día, abrazada a ella...reencontrándome a mí misma.





















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